Antes de que una junta entre en servicio, ya puede empezar a degradarse si las condiciones de almacenamiento no son adecuadas. El mecanismo de degradación cambia según material y geometría, pero las variables dominantes suelen ser estas:
Temperatura
El exceso de calor acelera envejecimiento, oxidación, relajación de tensiones y deformación permanente. Las temperaturas demasiado bajas también pueden volver frágiles ciertos materiales o favorecer condensaciones posteriores.
Luz y radiación ultravioleta
Especialmente relevante en elastómeros, ciertos plásticos y materiales superficiales sensibles. La exposición prolongada a luz solar directa o a fuentes artificiales con componente UV puede alterar color, elasticidad, estabilidad superficial o resistencia mecánica.
Ozono y agentes oxidantes
Muy importante en cauchos. El ozono puede generar fisuración superficial y deterioro acelerado, incluso sin contacto directo con fluidos agresivos. Equipos eléctricos, motores o determinados sistemas de iluminación pueden favorecer este problema en zonas de almacenamiento.
Humedad y condensación
No afecta igual a todos los materiales, pero puede favorecer corrosión en piezas metálicas, alteraciones superficiales, crecimiento de suciedad, degradación de embalajes o problemas combinados cuando existe suciedad química o niebla salina.
Contacto químico accidental
Disolventes, aceites, combustibles, productos de limpieza, vapores o contaminación cruzada pueden alterar materiales aparentemente bien almacenados si el entorno no está controlado.
Tensiones mecánicas mantenidas
Una pieza comprimida, doblada, colgada, apilada incorrectamente o mantenida bajo carga durante meses puede llegar al montaje con deformación permanente o pérdida de capacidad funcional.